miércoles, 18 de junio de 2008

Un síntoma de la crisis de la actualidad.

Soy un ser sensible y, a veces, las injusticias sociales me deprimen. Cada vez que veo el telediario me entran ganas de llorar: desigualdad, odio e irresponsabilidad son, sin duda, los males de nuestro tiempo.

De forma casi sistemática, cuando estoy deprimido voy a un bar y lleno mi barriga de güisqui. No es que me guste esta bebida, pero me encanta la imagen. Muy cinematográfica, lo sé. Tengo mis ramalazos esnobs. Pues, en este tiempo postmoderno ¿qué nos queda sino unas buenas imágenes?

En fin, ayer me pasó una cosa realmente desagradable. Tres de cada cinco veces que hago mi pequeña liturgia en el bar, obtengo la misma frase al pedirle mi licor: “¡Pero si eres un pingüino!”. Como ser pingüino no significa ser amante de las obviedades suelo lanzar mi respuesta prefabricada: “Lo cual no significa que no tenga paladar sin el que saborear un buen escocés”.

Por lo general marchan y me sirven lo pedido. Pero ayer, un mocoso me respondió de una manera sumamente desagradable:
“La verdad es que ser un ave dificulta seriamente poder saborear algo. Pues en lugar de boca tiene pico. Eso significa que tienes un pésimo sentido del olfato, sentido importantísimo para el gusto y significa también que tienes pocas papilas gustativas en la lengua. Las pocas que tienes son el la parte inferior de la lengua y en la garganta, por eso….”

Le interrumpí con un ademán de desden con mi aleta y miré hacia el otro lado. El chico me miró apesadumbrado y se fue a buscar mi bebida. La trajo, me cobró y se fue.

Qué tiempos aquellos dónde todo estaba claro. Cuando todos los universitarios encontraban trabajo de lo suyo y podías sumergirte en el bar en la gratificante compañía de paletos.

1 comentario:

limun dijo...

jajajaj


toma ya, viva el lumpen!



(canvia d'skin, aquest es cutreras)