martes, 4 de mayo de 2010

Sobre el compromiso

Con la reciente llegada de la primavera he reanudado una de mis más apreciadas prácticas: recorrer las ciudades en busca de un drama humano que incite mi reflexión. Esta práctica podría parecer reprochable a un observador irreflexivo, pero en mi defensa diré que está apoyada por la más elevada instancia moral. No estaría de más recordar que con Dios, el que todo lo ve, empezó el voyeurismo.

Como he mencionado en otro lugar, las terrazas son un buen sitio para encontrar este material, pero en caso de fallar uno siempre puede recurrir a los parques: sitios dónde lo trascendente se mezcla apaciblemente con lo banal. En un escenario de este tipo pude, hace apenas tres días, presenciar una majestuosa muestra de inteligencia táctica. Sentada en un banco una pareja de jóvenes mantenían un diálogo, cuyas oraciones eran tan meticulosamente medidas que parecían estar ensalivadas con nitroglicerina.

Al parecer, la chica había planteado a su novio ir a vivir juntos. Éste, ligeramente consternado pues sabía que era un tema minado, intentaba negarse. “Pero si nos vemos a todas horas”, “es bueno que tengamos independencia”, “para qué cambiar, si estamos bien”, “soy muy maniático y no querría que nos peleemos”. La chica contraargumentaba impecablemente a cada objeción: “Nos veremos igual pero en lugar de quedar conmigo, quedarás con tus amigos”, “Vivir juntos no significa ser dependientes sino compartir”, “Puesto que nos queremos, si vivimos juntos, estaremos mejor”, “Si somos incompatibles lo descubriremos en la convivencia. Ya va siendo hora de que nos conozcamos más a fondo”.

El rostro del chico empalidecía cada vez más, su voz se entrecortaba y su mirada se perdía en miles de direcciones buscando una salida que nunca aparecía. Por otro lado, la chica se mostraba impasible pues tenía cada paso meditado y el total control de la situación. Me recordó -ruego perdóneseme el símil- al modo como los gatos juegan con las cucarachas antes de darles muerte. Y este momento no tardó en venir, pues ante la titubeante negativa que a pesar de la contraargumentación de ella el chico intentó proferir, la moza soltó un cortante “a ti lo que te pasa es que tienes miedo al compromiso”. Esto hizo callar al chico pero estimuló mi pensamiento.

Me vino a la cabeza la teoría de los marcos semánticos de Lakoff. Según éste el lenguaje no sólo es el modo en que representamos el mundo, sino que también dictamina como valorarlo. Hay en las expresiones, o en las ideas, una condensación semántica implícita que remite a un marco semántico en el que significaciones, recuerdos y emociones están imbricadas.

La tesis es fuerte pues nos está diciendo que las palabras no solo remiten a cosas sino que nos ordenan cómo tenemos que relacionarnos con la realidad. Lakoff aplica esta teoría en el ámbito de la comunicación política aunque es igualmente válida para el mundo de la publicidad o del arte. El modelo de Lakoff permite ver como las facciones (políticas, en su caso) luchan para imponer un marco semántico (una perspectiva mundana, un modo de entender la vida, un escenario, etc.) que sea favorable a sus intereses o ideología. Así, argumenta Lakoff, la lucha ideológica se encuentra en el lenguaje. El típico ejemplo. Según el partido Republicano los impuestos son un robo estatalmente organizado, en cambio para los demócratas, es un acto solidario de inversión en uno mismo. Que describamos los impuestos como un robo o una auto-inversión define imágenes del mundo y presupuestos radicalmente opuestos de los que nacen diferentes políticas concretas. Si los impuestos son definidos como limosnas para los vagos o si son un modo de cooperación egoísta tenemos una justificación de un modelo u otro de democracia liberal que se nutre de unos componentes emotivos o valorativos sedimentados en el lenguaje.

Por eso la elección de las palabras no es cuestión baladí, sino que determina el modo en que se librará la batalla. De éste modo, el principal objetivo de cada facción política será conseguir que los rivales utilicen el juego de lenguaje que les beneficia. Después la lógica inmanente de la metáfora se encargará de convencer.

Pues bien, eso acababa de pasar delante de mis ojos en la discusión de los enamorados. En aquél caso, la expresión “miedo al compromiso” estaba ideológicamente cargada. Fue el modo en que la hembra situó la discusión en su terreno, gracias a una hábil gestión del marco semántico masculino. En el fondo, con este movimiento le está llamando cobarde; está convirtiendo la cuestión de vivir en pareja en un acto de valentía y, todos sabemos, que ésta es uno de los valores a los que tradicionalmente se ha asociado la virilidad. Tenemos aquí la fantástica pirueta según la cual hacer lo que la mujer quiere es de machotes. Esta argumentación bien merece un aplauso por su perfección.

Reconozco que lo que hagan los hombres o lo que dejen de hacer me tiene sin cuidado. Pero su inferioridad intelectual, biológica y socialmente determinada, despierta en mi un sentimiento de compasión. Así que expondré una estrategia discursiva para salir del argumento fatal.

El chico tendría que argumentar que no son motivos morales los que empujan a rehusar el compromiso sino de orden estético y ¡quién sabe sino epistemológicos! En efecto, no es que el compromiso sea difícil o arduo sino que es, simple y llanamente, feo. Así es, comprometerse implica la aceptación en los tiempos futuros de un modo de vida monogámico. Y esto conlleva –todo el mundo lo sabe pero todo el mundo lo calla- que cada individuo de la pareja tendrá que reprimirse los instintos y los deseos cada vez que su espíritu se vea turbado por la aparición de otro ser bello. Podría decirse que “por haber encontrado el amor de su vida, el individuo renuncia de una vez por todas a volver a enamorarse”. Vivir en pareja consiste no sólo en vivir en represión sino vivir en la mentira: pues se niega la existencia de estas pulsiones suscitadas por cuerpos ajenos y se escenifica un mundo dónde el apetito sexual se dirige únicamente al cuerpo del amado. Visto así, defender el compromiso consiste en embellecer una mentira.

Uno podría contraargumentar matizando que “el amor es eterno mientras dura” y argüir que no hay una situación tan terminal de represión puesto que uno puede decidir cambiar de pareja. Pero si aceptamos que un nuevo amor es un motivo válido para abandonar la pareja, entonces ¿qué sentido tiene el compromiso?

Ciertamente el compromiso –sea cuál sea su campo de aplicación- tiene una doble cara. Requiere de los individuos un valiente acto de decisión mediante el cual uno entrega todo su ser a la devota observancia de unos principios. Quién hace eso da muestra de un gran ejercicio de autocontrol y de valentía, pero el precio de este acto heroico tiene algo de trágico pues, a la vez, uno hipoteca sus acciones futuras a una decisión pasada.

Actuar por principios puede parecer bravo y noble pero es a la vez un acto de renuncia de libertad y de negación de los diferentes impulsos que configuran todo ser emotivo y racional. En resumen, el compromiso no es más que un modo embellecido de ser esclavo de una mentira. Quien tenga este enunciado por cierto hallará en la ironía un mecanismo terriblemente liberador que le condenará al desgarro del cinismo. Esto puede parecer poco, pero no debe confundirse con nada. Pues en un mundo encarrilado en el “todo-vale” postmoderno, el cinismo no es una entrega a esta lógica deshumanizadora, sino el llanto del desesperado. Un llanto que es a la vez expresión de la conciencia de una impotencia e indicador de una injusticia.


9 comentarios:

Teodoro dijo...

Texto dedicado y nacido de las deliciosas charlas peripatéticas con mi querido amigo Diegonidas, cuya mirada azul consigue embellecer la frialdad de los pasillos hospitalarios.

tortu dijo...

Estimado Teodoro, haces del compromiso una tragedia. A mi modo de ver, el compromiso no debemos observarlo como eterno, sino como un acuerdo tácito entre ambas partes, un contrato que tiene validez mientras los dos miembros (en este caso de la pareja) lo consideren, sin atisbo de coacción por ninguna de las partes. En ningún caso implica la negación de las pulsiones, si acaso el reconocimiento de éstas, para, a continuación, hacer un ejercicio racional y dar prioridad a un acto de voluntad deliberadamente escogido. Si de algo diferimos de los animales no racionales, es precisamente de esta voluntad. Pero, reitero mi afirmación inicial, mientras los dos miembros que comparten el acuerdo lo consideren libremente.
Por otro lado, querido Teodoro, no sólo las decisiones entorno al compromiso hipotecan el futuro, TODAS las decisiones que tomamos a diario implican la elección de una opción para desechar otra que podía haber hecho de nosotros personas diferentes. A diario cambiamos, porque a diario tomamos decisiones.
Un beso

Teodoro dijo...

Apreciado/a Tortu. Estoy muy agrdecido por tan pertinente y precisa crítica. Ruego me permíta contraargumentar.
Que los seres humanos tengamos voluntad es algo discutible. Hay quien la considera una invención destinada a ocultar que somos unas marionetas en manos de poderes ocultos. 
Usted concilia compromiso y libertad porqué piensa ésta como elección de las cadenas. No sucede lo mismo cuando se piensa como carencia de, o lucha contra, toda determinación. Es la dicotomía que aparece entre el concepto de libertad liberal-burgués o el anarquista. Personalmente estoy con Bakunin y creo que la libertad o es absoluta o no es.
Tiene usted razón al señalar que todas las decisiones son hipotecas, pero las que se toman en relación a una pareja son más  pues el/la otro/a sancionará cada traición a la palabra dada. Algo molesto para quién, como yo, tiende a no comprometerse con lo que dice...

Anónimo dijo...

Querido Profesor, estoy de acuerdo con Bakunin y con Tortu. Convivir con otra persona tiene a la vez algo de cobardía y arrojo a la vez, pero no necesariamente debe coartar la libertad. Es una cuestión de honestidad y sobre todo de independencia económica. El amor no se puede comprometer a nada,simplemente es libre. Lo que realmente destruye las relaciones es el aburguesamiento gratuito, el efecto "Magi se lo da hecho". Querido profesor cada día escribe mejor pero todavía es demasiado atractivo para que le cubran con un burka. Comprendo su posición pero no la comparto integramente.
Si no pregunte a las ocho mujeres que han compartido mi vida en los últimos veinte años. Un fuerte abrazo. En otro orden de cosas, creo que debemos felicitarnos por la última epístola que por fin logró frenar los guijarros. Usted ya me entiende.

Oscar Patsí

Marta dijo...

Hola Joel... gràcies pel text, com sempre tan ben escrit!
El contraargument que ofereixes està molt ben construit i és bo, com a argument. De tota manera, en aquest tipus de converses la veritat es situa, em sembla, en un altre pla, més enllà de la lògica argumentativa. Per experiència sabem que si un es troba en situació d'haver de pronunciar "tens por al compromís" és que no està obtenint el que desitja, de la mateixa manera que tampoc ho obté el que està contraargumentant. No crec que gaires parelles decideixin anar a viure junts perquè així els ho dicta la lògica (altra cosa és que, posteriorment, i ja no enamorats, decideixin seguir junts per motius econòmics i, en aquest cas, sí ben analitzats). Et situis en la banda que et situis, la del noi o la de la noia, l'argument de l'altre és sempre insatisfactori, per més ben construit que pugui aribar a estar.
Em fa gràcia això que dius, de fixar-te en les converses del carrer... jo també ho faig. Però, en aquest cas, la frase "tens por al compromís" no em mouria a pensar el contraargument sino, més aviat, a pensar "aquests dos no fan pinta de durar gaire temps més junts..." Una abraçada

Anónimo dijo...

estimado teodoro, antes de nada quiero agradecerle este sutil recordatorio sobre la gran habilidad femenina en el uso estratégico del lenguaje justo ahora que las temperaturas tienden a subir y la sangre a bajar ya sabe usted a donde, no podría haber sido mas oportuno.

Pero debo decirle que si bien estoy parcialmente deacuerdo con su exposición, creo que erra usted en el ejemplo usado para ilustrar su tesis, ya que la demanda de vivir en pareja en este caso, poco tiene que ver con el compromiso en si, si no mas bien con la capacidad de ejercer control sobre el cumplimiento del mismo.
y es que si bien los principios básicos de este se mantienen, lo que busca uno de los miembros de la pareja, es cambiar el campo en el que se da hacia un terreno que cree le es mas favorable.

Desde esta perspectiva, la apelación a una supuesta falta de valentía del miembro masculino, puede ser fácilmente rebatida apelando a una no menos ignominiosa falta de seguridad de la que parece hacer gala la fémina, ya que como usted, ella también parece suponer que en realidad y por no tener los medios para corroborar dicho cumplimiento del compromiso, este ha sido quebrantado, esta suposición de que la mera posibilidad entraña de hecho acción, la llevará en un futuro a tratar de afianzar mas y mas su control sobre el, convirtiendo por ejemplo a sus amigos, tras un subrepticio juego del lenguaje en, nuestros amigos, para acabar llegando a la conclusión de que tampoco eran tan amigos, ¡ no lo serían suyos !
a través de esta linea de razonamiento pues, el chico podría hacer entender fácilmente a la chica que el hecho de que ella acabe convirtiéndose en una bruja paranoica y manipuladora y el en un pelele sin mayor horizonte existencial que el útero de ella, es algo que no va a hacer feliz a ninguno de los dos.

bien, llegados a este punto, debo llamarle la atención sobre el que creo es realmente el dilema de esta situación y en el que considero que ambos, tanto ella como usted, parten de la misma y para mi errónea premisa ; considerar a la pareja como un ente unívoco. la diferencia es que donde ella ve ventajas, usted solo halla inconvenientes, donde ella ve eterno goce, usted solo halla eterna condena.
tal vez si ambos dejasen de considerar la vida en pareja como un estado de carácter inmanente y optasen por una visión algo mas equivoca y trascendente, se darían cuenta que cualquier cambio que en ella se produzca puede ser positivo, incluso el de irse a vivir juntos, basta tan solo con cambiar el lapidario y solo acatable concepto de compromiso por el siempre mas abierto y negociable acuerdo, tal vez así usted deje de sentir claustrofobia frente a la vida en pareja y ella deje de sentir vértigo frente a un futuro que no es capaz de vislumbrar si no se halla atado en el extremo de esa cadena que es, en eso estamos de acuerdo , el compromiso, aun así me veo en la necesidad de recordarle, como creo hacia anteriormente otro posteador que los compromisos lo son ante uno mismo, en este caso pues, la mentira no subyace en el hecho de cumplir o no este compromiso sino en si era cierta o no la promesa que se ha hecho de que ese compromiso ha sido tomado. en este caso pues la cadena con la que trata de afianzar su futuro no tiene porque ser falsa per se como usted parece que argumenta, simplemente es prestada.

dicho esto, no puedo mas que alabar su subsiguiente reflexión sobre los peligros que entraña vivir deacuerdo a unos principios, de hecho mi mas que probable epitafio será; fue un tipo de principios, por eso acabó fatal. afirmación que adquiere su total dimensión en un bar a altas horas de la noche, y es que uno de mis principios inquebrantables es que la cerveza sin alcohol, ni es cerveza ni es nada. no obstante estaría bien que escribiese algo sobre los peligros que entraña vivir sin ellos.

siempre suyo, anónimo.

Hermes dijo...

Apreciado Teodoro, una vez más ha sido un placer leer un nuevo texto suyo.Como siempre me ha resultado interesante y hace que uno reflexione y se cuestione cosas. Muy interesante también las teorías de Lakoff acerca del lenguaje.
También veo que toma un valiente posicionamiento acerca del compromiso(o no tan valiente según se mire.O quien lo mire..)
Por otra parte no seré yo quien diga si sus argumentos están bien construidos o si son mejorables. No pisaré ese jardín, no soy un virtuoso de la pluma(además parece que ya tiene quien analice y critique su construcción argumentativa. Por cierto,¿quién es ese Joel?).
Después de leer su texto y los comentarios, veo que tratan el hecho amoroso desde un punta de vista demasiado racional,parece que una relación sentimental sea un contrato,con sus cláusulas y sus hipotecas, dejando poco espacio a los sentimientos. Parece que cuando nos enamoramos aceptamos tácitamente un billete de ida a la Modelo.
Si me comprometo con alguien dejo de ser libre. Vuestra Merced afirma que aceptar el compromiso es negar los impulsos emotivos y racionales que podamos sentir hacia otras personas. En cierta forma es enrocarse con la belleza conocida y renunciar a otras. Es decir, si tengo un cierto código moral y occidental, renuncio a practicar el coito con otras mujeres. La monogamia es antinatural. Retener nuestros impulsos tambíén. Si defiendo el compromiso "embellezco" una mentira. Deduzco entonces que si vivo en sociedad defiendo una mentira, ya que retengo otros instintos que siento. Por ejemplo debo de retener mi instinto de venganza o el impulso de matar que siento en alguna ocasión hacia mis congéneres. Para vivir en sociedad el ser humano se ve obligado a retener los impulsos y lapidar el instinto, creando de esta manera el malestar en la cultura que expuso aquel psicoanalista aficionado a los fideos cuyo nombre no recuerdo.
Para mi comprometerse de verdad cuando uno cree que está enamorado no tiene porqué ser tan malo. Posiblemente si que habrá algún tipo de impulso sexual hacia otras personas, pero si de verdad sientes el corazón pleno renunciar a ese impulso no tiene que resultar una tragedia. Pesará más el sentimiento noble que siento que no la erección incontrolada del momento. Hablo de lealtad hacia la persona amada. Puede que renuncie a la libertad como la entiende Vuestra Merced y aquel lunático de Bakunin, como también renuncio a ella viviendo en sociedad. Pero puede que la libertad sea algo tan simple como tener la capacidad de elegir entre dos o más opciones, y siempre, hasta en las situaciones más extremas, podemos elegir(no soy burgués).
Tampoco quiero que piense ahora que Titanic me hace temblar las piernas y me creo todas las cursiladas que nos venden, pero me gusta pensar que el amor puede ser maravilloso y que el compromiso no tiene porqué ser una tragedia, una cárcel o una dolorosa renúncia. Como dice V.M. es difícil intentar tener principios. Pero a mi hace feliz la lucha interior que tengo por mantenerlos, los transgredo sistemáticamente a diario pero es mi lucha interior y mi contradicción. Pero quien no se contradiga que lance la primera piedra, como dijo aquel voyeur.
A diferencia de V.M. intento comprometerme con lo que digo, aunque a veces lo que me compromete es lo que digo.O DICEN.
Muchas gracias por este nuevo texto señor Teodoro. Un placer sumergirse de nuevo en el maravilloso mundo de la puinguisofía.

HERMES (celador del Olimpo.Estatutario)

Oscar dijo...

¿No será que el problema es más bien la tendencia del hombre a comprender la realidad mediante "imágenes"? ¿el Homo Videns que menciona Sartori que sólo se aproxima a la realidad mediante "paquetes de información"?

El hecho de vivir con alguien implica monogamia en esta sociedad, y otras tantas cosas que, a mi modo de ver, podrían ser independientes del amor. Pero al tener una relación con alguien, y más aún, al vivir con esta persona, se adquiere todo un paquete con cosas que podrían o no ser tan deseables... quizás si la chica hubiera pedido un compromiso de amor, sin todo el paquete, el chico habría aceptado sin dudar... es difícil "comprometerse" a vivir con alguien, a no gozar de otros culos, a ver diario a la otra persona ¿y si un día -cómo es usual- nacen deseos por otra persona? ¿y si un día se decide ya no estar con la pareja? Además de tomar todo el paquete, se hace a priori, siendo que la vida es -como dijera Einstein- como andar en bicicleta... hay que mantenerse en movimiento, de lo contrario uno cae.

El compromiso implica estatismo. El estatismo implica muerte.

Anónimo dijo...

Pasaba por aquí y me he topado con este interesantísimo tema.
Disculpen mi ignorancia sobre autores y demás erudicciones, así que me limitaré a hablar de mi propia experiencia, que por tratarse de una voz femenina puede aportar algo diferente a la discusión.
Creo recordar que siempre he vivido con el dilema de compromiso-libertad y que en la mayor parte de los casos he elegido el segundo sin necesariamente matar al primero.Sin embargo, existen varios aspectos a considerar:
1) En mi experiencia las relaciones, además de ser maravillosas, son las principal fuente de aprendizaje. Siempre se ha dicho que el amor nos hace mejores personas y para mí se corrobora. El problema es que el aprendizaje que podemos vivir con una persona es diferente del que podemos vivir con otra. Crecemos, nos transformamos, y también lo hace nuestra pareja, y de pronto estamos desenergetizados, ya no nos motiva seguir creciendo juntos. Es natural, y no pasa nada. El problema es cuando queremos aferrarnos a algo que está muerto por miedo a perder, por miedo a abrazar la incertidumre, a estar solos y al juicio de los demás. Y como una de las características de nuestra sociedad es la inmadurez emocional, mientras esto no se trabaje no hay espacio para la libertad o como lo quieras llamar.
2) Por otra parte, como ya algunos han mencionado, el modo de vida de nuestras ciudades no ayuda a escapar a esa cárcel del compromiso. Si formamos una familia todo se vuelve enormemente complicado, cuando lo natural sería vivir como en ciertas sociedades tribales, dónde los hijos son de todos y hay libertad sexual y de afecto.
3) Con todo esto yo no descarto que existan relaciones que duren toda la vida de manera natural, ¿por qué no? Pero no como "contigo forever cariño" sino como algo que simplemente va ocurriendo. Y puede ser que ocurra a la vez que los miembros de la pareja tengan otras relaciones pero siga habiendo una que sea la "principal". Es como lo de los mejores amigos.
4) Por último quería comentar el tema de la honestidad. A mí me ha resultado muy difícil este tema porque muchas veces ser honesto significa perder a tu pareja, lo cual no es exactamente lo que quieres. Pero con el tiempo lo he sido y, después de largas conversaciones filosóficas, hemos estado de acuerdo y hemos decidido tener una "relación abierta" con todos los peligros que implica. Y además decidimos contarnos si había algo más, porque en cualqueir caso lo íbamos a notar. Esas cosas siempre se notan, por lo menos las mujeres lo hacemos. Y claro, aquí el problema es que puedas lidiar con la auto-comparación inmediata con los otros amantes, pero esto es de nuevo una cuestión de madurez emocional.
Creo que me quedan cosas por decir, pero me estoy rallando de tanta palabrería y lo dejo aquí. Por cierto, que si algunos conocieran la vida oculta de algunas mujeres.... fliparían... je.